Por Laura Acosta Ignacio

miércoles, 8 de junio de 2011

Dora García en la Bienal de Venecia



Infinidad de veces me he preguntado qué es el Arte. He tratado de desentrañar definiciones acertadas sin llegar nunca a nada. Lo que hoy es una sentencia definitiva mañana ya no me vale. Aprendo de lo que veo, de las personas que sienten la necesidad de crear. Observo a los que simplemente quieren ganarse la vida con creatividad. Admiro la sensibilidad que descubro a menudo en auténticos artistas, me intrigan las pajas mentales de los que poseen una habilidad y ansían convertirla en proyecto, sin mucha suerte. Comprendo la idea de que el arte es un lenguaje universal, y que como tal, tiene sus reglas de sintaxis, de sentido profundo y de ortografía explícita.
Las ideas artísticas pueden cambiar el mundo, así lo creo. Al igual que las utopías, las locuras, o los terrenos que dan miedo transitar. Su espiritualidad nos toca como puede hacerlo la religión o la filosofía. Pueden provocar una manera genuina de percibir y sentir. En otra dimensión más mundana, las ideas pueden ser hábiles ocurrencias, pensamientos personales materializados con la ilusión de que sean compartidos, pero sin ninguna capacidad real para remover nuestras entrañas. Un discurso que por más sesudo que resulte no llega a ser capaz de fundar su propia alma. He estado tratando de interiorizar el proyecto de Dora García para el Pabellón de España en esta Bienal de Venecia y pienso que su disertación se encuentra en este segundo grupo. Los eventos culturales-comerciales de esta índole desde luego tienen un dialecto propio, eso es cierto. Sin embargo, yo siempre he encontrado en ellos propuestas excepcionales y universales, estimulantes y reveladoras, de calidad exquisita, más allá de los mullidos envoltorios y de la espectacularidad de esa acicalada imagen que se les exige para formar parte de la elite mundial. La propuesta de Dora García se localiza sin lugar a dudas en la contemporaneidad de nuestros tiempos artísticos: interactiva, inacabada, multidisciplinar, con una carga conceptual densísima, con apoyo y referencialidad en textos literarios, pero sobre todo, con la intención de materializar un sentimiento lo suficientemente ambiguo como para no concretizarse y lo suficientemente polivalente como para que parezca que todos seremos capaces de entenderlo.
Yo no he podido entender mucho. O mejor dicho, he entendido la explicación pero no he sido capaz de penetrar hasta su verdadera personalidad. Probablemente sea únicamente mi culpa, o es posible que su proyecto, al ser experiencial, reclame la presencia indispensable de su público. Es probable que no llegue a haber en ningún momento realmente una obra física, que el Pabellón de España se convierta en una suerte de archivo de las experiencias de otros orquestadas por la artista. Quizás sea demasiado pretencioso asumir que la gente va a reaccionar según tus ideas se gestaron, al igual que a menudo los arquitectos fantasean con que sus espacios van a ser concebidos de tal o cual manera, quedando luego absolutamente a disposición de lo que de ellos hagan sus usuarios. Opino que tan resbaladizo es no saber materializar un concepto cuya teoría suena muy bien, como hacer por hacer, sin tener nada que decir. Y la pena es que, con frecuencia, encuentro que muchos proyectos realmente contemporáneos, que compilan altas dosis de carga conceptual sin una clara jerarquía -al menos vertical- acaban por tener más explicación que explicitación. Y si desde mi ordenador me ha dejado fría esta historia, en Venecia, con la de distracciones visuales que hay, con lo inmensa que es su Bienal y la de propuestas que te inundan sin preguntar dejando aterida tu fibra sensible, me habría resultado casi seguramente un suplicio conectar con el proyecto que presenta la artista en esta nueva edición de la Bienal. Con todos mi respetos a su trabajo, por supuesto.

viernes, 3 de junio de 2011

Agendas mediáticas


Me enseñaron muchos ejemplos de manipulación política en los medios de comunicación de masas mientras estudié la carrera. Recuerdo que algunas de las técnicas más bajunas que descubrí fueron las realizadas fundamentalmente en campañas políticas estadounidenses, en las que a menudo se le tomaba el pelo a la gente sin que estos pudieran siquiera atisbarlo. Pensé que esto pasaba hace mucho tiempo, cuando los medios no eran tan plurales ni el periodismo tan vehemente. Efectivamente me equivoqué.

Me extrañó sobremanera que el 16 de mayo los telediarios españoles no abrieran sus cabeceras dando la noticia de que cientos de miles de personas se habían manifestado por toda la geografía española, de norte a sur. En su lugar, estaba la noticia de la detención del director del FMI en Nueva York, Dominique Strauss-Khan. Duró varios minutos, con diversos resúmenes y diferentes recursos audiovisuales para dar una mayor perspectiva al asunto. Acto seguido, algunas noticias más de carácter internacional. Al fin, un breve titular con un par de imágenes y un tímido cuerpo de texto del 15M. Me pregunté por qué en los informativos de la televisión pública, la que nos representa a todos, la que pagamos todos, mostraban tanto desequilibrio entre una noticia internacional y una nacional, al fin y al cabo la relevancia para los españoles en cuanto a los temas estaba clara. ¡Mi país se estaba echando a la calle y la noticia del día en las televisiones nacionales era el director del FMI! En seguida entendí que la agenda mediática no es sólo un sumario de poderes, y que la internacionalización de nuestro mundo es un hecho ya del todo real e incluso dramático.

Aunque el resto de la semana sí pudimos ver cómo rectificaban algunos medios ante la presión de las redes sociales, creo que se puede decir a todo pulmón que la cobertura mediática del movimiento 15M en general ha sido de lo más triste y poco profesional. No ha existido nada más allá de Madrid y Barcelona, y en Málaga por ejemplo, los acampados ya han presentado la primera iniciativa legislativa al Parlamento Andaluz, sin ningún eco mediático. El pasado domingo asistí en Sevilla a la última manifestación convocada por Democracia Real Ya. Mi ciudad gritaba, había muchos padres que acompañaban orgullosos a sus hijos, carritos de niños atónitos, abuelas de la provincia que se habían acercado a pasar el domingo para apoyar a los jóvenes. Unas 20.000 personas seguramente. Un recorrido de tres horas por las calles más emblemáticas del centro monumental. Al día siguiente no hubo nada en las televisiones nacionales. Se habló de las decisiones de permanecer acampados una semana más en Madrid y Barcelona. Nada de Sevilla. De un plumazo amputaron las exigencias de un representativo número de ciudadanos. Tan sólo en alguna emisora de radio dieron un número acertado de participantes, el resto de medios sustituyó vergonzosamente la cantidad real por la estimación de fuentes oficiales, que hablaban de 2.000 personas. Si esto no es manipulación, desinformación y censura mediática que venga alguien a justificarlo.

Así que, a mi juicio, uno de los aspectos más interesantes de este movimiento social, que ha sido capaz de contagiar ya otros rincones europeos, es su autosuficiencia informativa. Desde el principio, la propia organización ha ido generando sus vídeos, noticias e informaciones, encontrando en Internet y concretamente en las redes sociales su mejor televisión pública. Menos mal que estos chavales tienen una logística encomiable y están sobradamente preparados, porque si no, los que estamos al otro lado, simpatizantes o no, nos lo habríamos perdido casi todo.

sábado, 28 de mayo de 2011

Tanto miedo tiene el poder, y tan poco el pueblo


El violento desalojo de ayer de la Plaza Cataluña de Barcelona supone la primera reacción real política que hemos tenido hasta la fecha. Anteriormente cualquier comentario o juicio de la situación por parte de los políticos ha sido una estrategia electoral, un intento por pretender el acercamiento allá adonde nunca tuvieron intención de ir. Lástima para ellos que las plazas de España sigan convocando protestas y reivindicaciones, lástima que los españoles estén resultando ser constantes y contundentes con sus deseos y no esa masa conformista e insolidaria que pretenden que seamos. Ahora ya, podemos decir, somos para la clase política un grano en el culo, que empieza a enquistarse, por cierto. Así que estemos preparados para ver cómo su miedo les agazapa, les ensordece, les atonta y finalmente les anega.

Para limpiar una plaza pública se usan los servicios de limpieza, no decenas de policías. Es curioso cuánto se están afanando algunos sectores por hacer parecer al movimiento 15M como una iniciativa clandestina de mozalbetes antisistema, hippies, sucios, que no tienen nada mejor que hacer que montar chavolas en la calle y pegarse los piojos los unos a otros. Todavía escucho en muchas tertulias a diferentes analistas que se refieren a todo este grupo como chavales, aún cuando aparece constantemente en imágenes una amplia representación de distintos sectores generacionales apoyando la iniciativa. Desde luego, si así fuera, si todos los que unen sus fuerzas en la calle sólo fueran chavales, sería para estar orgullosos de su compromiso con sus vidas y las de los otros, y por el contrario, qué triste sería que sólo ellos tuvieran el valor para señalar con el dedo las cuestiones que limitan y frustran injustamente nuestro desarrollo como seres humanos.

Se ha agredido a más de un centenar de personas en Barcelona porque había que acicalar un espacio público para que la afición del Barça pudiera manifestar su alegría en caso de obtener un nuevo título su club. Qué frivolidad. Y es que aún no se han dado cuenta los políticos de que ya no nos pueden disuadir con melodías para encantar a las serpientes. Atrás han quedado definitivamente los bálsamos y las anestesias que con tan buena estrategia nos han entretenido hasta ahora. El fútbol, con todos mis respetos, es una fiesta, un juego, una distracción fantástica, pero una manifestación ciudadana, un acontecimiento social de la envergadura ideológica que destila el 15M debe tener prioridad ante el espectáculo deportivo. Por favor, que no nos tomen por tontos constantemente. Que afronten la intervención de la Plaza como lo que fue, y que no pongan falsos titulares para debilitarnos, porque no hacen más que fortalecernos. Felip Puig, te has coronado de gloria, por querer ser el primero, has quedado como el más inepto de los políticos españoles, que no es poco.

Estar de acuerdo o no con todo o parte de lo que se pide al Gobierno es una opción personal, subjetiva y legítima. No obstante, debemos estar a la altura de nuestros tiempos y reconocer más allá de la simpatía o antipatía, que este movimiento lo origina la gente, y por tanto es una reivindicación social con muchísima relevancia que culpa a la política de venderse a los bancos y olvidar a los ciudadanos. Ante esto no hay discusión posible. Es una auténtica realidad y desde luego para mí, es motivo suficiente para apoyarla y sentirme absolutamente vinculada a ella.

miércoles, 25 de mayo de 2011

Ensoñaciones Trazadas. Galería Isabel Ignacio

Ensoñaciones trazadas se compila entorno al formato concreto del dibujo. No obstante, en esta muestra no se pretende destacar las ya conocidas virtudes del grafito, esas apreciadas e intimistas cualidades que desentrañan confidencias. Esta agrupación de artistas entorno al dibujo responde a un criterio más formal que de medio, a una manera concreta de levantar el lápiz para trazar fantasías y mundos imaginarios. Felipe Ortega Regalado, Chico López y Jesús Zurita son tres creadores que se cobijan tras el dibujo valiéndose de él para fundar escenas oníricas, tan sólo posibles si desvariamos, escenarios frágiles aunque sólidamente definidos, sinuosos caminos hacia alegorías delirantes, hipogeos atemporales que se perpetúan más allá de un tiempo real.

Los trazos, las líneas y los gestos que nos ilustran estos tres creadores, son criptografías figurativas que se comportan como invenciones abstractas, lejanas insinuaciones antropomórficas como los aparatos de Dalí, evocadoras indeterminaciones, construcciones que pudieran ser lo mismo cuerpos matéricos que sombras arrojadas. A veces, con contenidos claramente sexuales y orgánicos, como si fueran una planta de las arquitecturas utópicas de Ledoux, inocentes aunque evidentes a la vez. Estamos ante una figuración que no trata de representar una verdad visual, ya no es mimética sino interpretada, inventada, transformada, un punto de partida para comenzar a construir ficciones y obsesiones que dominan la mano del que dibuja. Como apuntaba Wilde en La decadencia de la mentira, el Arte maneja lo irreal y lo inexistente, y nunca expresa más que a su propio ser.

Parece que estos trabajos lleguen a su forma final a través de un proceso de transformaciones inesperadas. Es la maravillosa serendipia, término que emplea el sociólogo Françoise Archer para designar aquello que encontramos por azar, sin buscarlo. El hombre hipermoderno es capaz de sacar partido de lo imprevisto, de estar atento en su exploración sensible y detectar nuevas vías sobre la marcha. Así se muestran las imágenes de estas obras, ricas en metáforas, ávidas de posibilidades, con las huellas estelares de las opciones que se desecharon, como si se integrara también todo aquello de lo que sus autores prescindieron en el proceso creativo. Esta ambivalencia encierra una paradoja intrigante entre lo visible y lo que sensiblemente se intuye. Lo que está frente a nuestros ojos y lo que está prohibido para ellos.

Las obras que conviven en Ensoñaciones trazadas nos regalan la posibilidad de desentrañar un proceso artístico que a menudo se muestra cerrado a cal y canto. Las cosas no son porque están, sino que mutan constantemente hasta adquirir un sentido único, el que sólo el artista intuye. A veces el espectador podrá tener la sensación de haber irrumpido en un espacio de realismo sicótico en el que nos afanamos por identificar figuras, volúmenes y representaciones. Sabemos que conocemos los contornos visibles en nuestro imaginario pero no alcanzamos a darle el sentido ordenado que anhelamos. Una vez más se muestran tímidos los senderos que surcan las obras, a través de los chivatos vestigios que reclaman un proceso más que una obra final.


Mediante el trabajo de Felipe, Chico y Jesús, conectamos con una cadencia temporal que no es la habitual. El tiempo se colapsa por la ausencia de ritmo. La pausa, el silencio, la contemplación y la atención son elementos capitales que nos restablecen el gusto por el quietismo, por saborear delicadamente lo que uno contempla. Lejos de la lógica de la urgencia que analiza Gilles Lipovetsky, o de la cultura flash, tratada por José Antonio Marina, estas obras nos proponen permanecer y radiografiar sensorialmente la experiencia perceptiva hasta sus últimas consecuencias. Dotar con la calidad de la calma a la mirada, para que ésta descubra poco a poco sensaciones y mensajes posibles que enseguida haremos nuestros. El tiempo que deseemos aprovechar en este intercambio será directamente proporcional a lo que obtengamos de él. Los artistas practican un tipo de hedonismo visual que percibimos inmediatamente, sin embargo, para llegar a entender la otra cara de este inmenso placer, el sufrimiento, debemos casi sentirnos en la piel de sus manos creadoras, desgastadas en cada trazo por el intento de entender su entorno.